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c supo que quería ser diseñadora de moda a los 13 años, cuando cosió su primera pieza.
Era un llamativo pantalón corto de tela de leopardo y elástico. Sumergida en el recuerdo, confiesa que “era una pieza horrible” ahora que conoce los códigos de la moda. Pero aquella joven adolescente nunca pensó eso. Con el tiempo, sus piezas llegaron hasta Vogue y la Semana de la Moda en las pasarelas de Londres, París y Nueva York.
A pesar de haber alcanzado el éxito, “no me sentía diseñadora por culpa del síndrome del impostor”, dijo Ortiz-González a Billy Penn.
Esa sensación de inseguridad volvió hace dos años, cuando solicitó el puesto de directora ejecutiva en Taller Puertorriqueño, una organización cultural comunitaria dedicada a preservar, desarrollar y promover las artes y la cultura puertorriqueña en Filadelfia.
A pesar de que sus amigos le decían: “Este trabajo es para ti”, ella dudaba de ser la persona adecuada. Al final, su carrera de más de 20 años como diseñadora, activista, profesora y empresaria jugó a su favor.
“Todo lo que he hecho ha sido por la gente”, afirmó sobre su trayectoria profesional. “Este puesto es un sueño, y es un privilegio estar en Taller”.
Como directora, Ortiz-González trabaja para destacar lo mejor de la cultura puertorriqueña y servir de puente para las artes entre la isla y los boricuas de la diáspora.
Filadelfia tiene la segunda población puertorriqueña más grande de EE.UU., muchos de ellos en North Philly, donde constituyen el 80% de la población hispana del barrio, según explicó Ortiz-González en una entrevista con El Nuevo Día.
“La gente me ha salvado”
El camino de Ortiz-González para convertirse en diseñadora y líder comunitaria ha tenido sus altibajos. Ser madre soltera y latina en la industria de la moda fue un reto, confesó, debido a la exclusión y al racismo sistémico.
Por dar un ejemplo, cuando tenía 23 años y solicitó plaza para estudiar moda en Nueva York, una de las profesoras, que sabía que Ortiz-González estaba embarazada de su primer hijo, le dijo despectivamente que debería ser madre antes que diseñadora.
No llegó a estudiar en esa universidad, pero uno de los jueces del proceso de solicitud fue el célebre diseñador dominicano Óscar de la Renta. El reto del jurado consistía en confeccionar una pieza con materiales inusuales, y Ortiz-González decidió hacer un vestido con paraguas. De la Renta quedó impresionado y le ofreció su primer internado.
“[De la Renta] me dijo que iba a ser una gran diseñadora”, contó.
En 2017, Ortiz-González arrasó en la Semana de la Moda de Londres cuando vistió a la modelo e influencer dominicana Lili Gatins. Las cámaras de Vogue capturaron el atuendo y les llamó tanto la atención que se pusieron en contacto con la diseñadora para colaborar.
“La gente me ha salvado”, aseguró. “La comunidad y las recomendaciones siempre han estado ahí cuando más las he necesitado”.
Su hito más reciente fue participar en el concurso Next in Fashion de Netflix. Ortiz-González participó junto a otros 20 diseñadores de todo el mundo. Después de que el programa se popularizara en 2020, la diseñadora se percató de que también se estaba haciendo más reconocible para los fans en la calle.
El arte como salvavidas
Ortiz-González nació y creció en Caguas, Puerto Rico, y a los dos años contrajo una meningitis que la dejó en coma. Dejó de hablar y de comer y, con el tiempo, su madre la matriculó en clases de ballet para desarrollar sus capacidades motoras.
Luego, cuando estaba en primer grado, tras un accidente que dejó a su madre en silla de ruedas, la joven Ortiz-González se fue a vivir con una amiga de su madre, que era profesora de arte, hasta que se emancipó a los 17 años. Su primer trabajo fue en lo más básico dentro de la cadena de producción de la moda: en una lavandería, poniendo cremalleras y cosiendo ruedos.
También empezó a estudiar en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, donde se involucró por primera vez en el activismo a través de las protestas estudiantiles contra los bombardeos de la Marina estadounidense en Vieques, una isla municipio en el este de Puerto Rico. La Marina utilizó la isla como campo de entrenamiento de bombardeo durante 60 años, contaminando el suelo, el agua y el aire, lo que posiblemente contribuyó al aumento de la tasa de cáncer entre la población.
Las protestas le hicieron sentir una enorme desconexión entre sus estudios de moda y el activismo social.
“Tenemos esta imagen de que la moda es banal”, dijo. “Hasta que me di cuenta de que los puertorriqueños utilizan sus cuerpos para llevar mensajes de activismo, como vallas publicitarias. Eso me abrió otras vías”.
La moda como activismo social
Para Ortiz-González, la moda es el reflejo de la sociedad. Por eso ha dedicado gran parte de su carrera a estudiar movimientos sociales que utilizaron la moda como herramienta de empoderamiento.
Por ejemplo, los uniformes del partido de las Panteras Negras, según dijo, estaban estratégicamente pensados: boina negra, chaquetas de cuero oscura, camisa de cuello alto y gafas de sol oscuras.
La diseñadora también estudió el simbolismo de la vestimenta de los Young Lords, un grupo revolucionario de activistas puertorriqueños que se organizaron por la justicia social en Chicago a finales de la década de 1960-1970.
Inspirándose en el activismo, Ortiz-González creó la colección STRANDED, donde investigó ocho atrocidades que Estados Unidos cometió contra los puertorriqueños y creó una serie de imágenes digitales distorsionadas que son bellas a la vista, pero revelan la fea verdad a través de unas gafas 3D.
“La idea es utilizar el espacio de la pasarela, que es súper privilegiado, y confrontarlo con otra realidad”, dijo.
Filadelfia, su hogar
Ortiz-González lleva 12 años en Estados Unidos, la mitad de ellos en Filadelfia. Aunque admite que “Filadelfia es su hogar ahora”, espera regresar algún día a Puerto Rico.
La diseñadora obtuvo un máster en Bellas Artes en el Savannah College of Art & Design, y ha trabajado como profesora asociada y jefa del departamento de diseño de moda en el Moore College of Art & Design, como profesora en la Lindenwood University de St. Louis, Missouri, y en Puerto Rico en la Universidad del Turabo y la Universidad de Artes Plásticas.
Ahora, además de su papel como directora ejecutiva del Taller Puertorriqueño creando un espacio de unión y crecimiento para la diáspora, la diseñadora está desarrollando su marca Nashelia Juliana desde una perspectiva más libre creativa y artísticamente. La empresa se centra en la justicia social y existe desde hace 11 años.
“La isla no está sola, y la diáspora tampoco”, afirmó.





